Potente, sencillo, manejable, fiable y elegante, en mi opinión, el Sky-Watcher Dobson 8" clásico es uno de los telescopios más recomendables para iniciarse y profundizar en la observación astronómica. Con su tubo óptico reflector f/6 de 200 mm de apertura, presenta un formato razonablemente transportable -yo lo meto sin problemas tumbado en un Renault Clio abatiendo los asientos traseros, sin tener que desacoplar el tubo de la montura- y suficientemente potente como para ofrecer unas vistas planetarias y lunares detalladas, y cazar la mayor parte de los objetos más débiles de cielo profundo; todo ello a un precio interesante.
El Dobson viene embalado en dos cajas de cartón -una para el tubo óptico y los accesorios, otra para la montura- acompañado de la tornillería y las herramientas necesarias para el ensamblaje, y el telescopio completo se puede armar tranquilamente en cuestión de unos 30 minutos. Lo más laborioso es ensamblar los paneles de la montura dobsoniana, pero es un proceso muy sencillo. Luego, no hay más que acoplar el tubo óptico -que viene completamente preensamblado, incluyendo el mecanismo de enfoque- a la montura, instalar el buscador y poner un ocular en el enfocador, para tener todo el conjunto preparado para el uso. Los accesorios incluidos son: adaptador para oculares de 2 pulgadas, adaptador para oculares de 1,25 pulgadas, buscador 8x50 y dos oculares de 1,25 pulgadas.
Los paneles de la montura son de aglomerado de 18 mm recubierto de melamina. La base tiene un diámetro de 52 cm y se asienta sobre tres patas de plástico. La plataforma de movimiento en azimut se desliza sobre tres soportes de teflón, que están grapados a la base inferior, por lo que conviene clavar un poco más profundamente dichas grapas si vemos que sobresalen -podemos apoyar la cabeza de un destornillador plano sobre las grapas y dar unos golpecitos con un martillo- para evitar que arañen la melamina del panel superior. Base y montura se unen con un perno central a través del eje azimutal, y una arandela de teflón evita el rozamiento entre ellas.
El engranaje del tubo óptico con la montura también es muy sencillo: el tubo incorpora dos piezas cilíndricas de plástico a los lados, cada una de las cuales se apoya sobre dos cilindros fijos (no son cojinetes móviles) en los paneles laterales de la montura; el conjunto se fija con dos tornillos que incorporan unos mangos para apretarlos manualmente, y uno de ellos está especialmente preparado para ajustar la tensión en el eje de movimiento en altura. Una vez colocado el tubo óptico en la montura, comprobamos que su peso sobre el eje horizontal (eje de movimiento en altura) prácticamente se equilibra al poner el buscador 8x50, por lo que apenas es necesario apretar la manija de ajuste de tensión si no empleamos oculares muy pesados, favoreciendo así un desplazamiento suave del telescopio en altura. Los mangos de los tornillos de sujeción del tubo a la montura además resultan especialmente útiles para agarrar el telescopio, facilitando su manipulación, junto con un asa que va en el panel frontal la montura, para moverlo y transportarlo de una pieza.
En el panel frontal se coloca una bandejita portaoculares metálica, con tres agujeros para oculares de 1,25" (31,8 mm de diámetro del barrilete) y un agujero para un ocular de 2" (50,8 mm). Respecto a esta bandeja, hay que advertir que en los orificios de 31,8 mm se pueden encajar sin problema oculares de 1,25" sencillos, como los que incluye este telescopio o, a lo sumo, algunos oculares Plössl, pero no entrarán bien otros diseños más sofisticados que suelen tener un cuerpo más voluminoso, porque dichos orificios quedan muy pegados al panel de la montura.
En fin, del montaje de este telescopio valoro muy positivamente su sencillez y limpieza, sin partes mecánicas externas engrasadas, ni siquiera en el enfocador, que es de tipo Crayford. Además, a pesar de su tamaño (alcanza casi 1,3 m de altura con el tubo en posición vertical), no resulta excesivamente pesado (algún kilo por encima de 20 kg), por lo que se puede mover fácilmente de una pieza -¡pero no andes más de 100 metros con él!-.
Te sientas en un taburete, pones un ocular de bajo aumento, alineas el buscador, te agarras al tubo óptico.... ¡y a disfrutar surcando el cielo! Con el buscador 8x50, los objetos astronómicos más destacados aparecerán fácilmente saltando de estrella en estrella. No hay motores de seguimiento automático ni mando de control computerizado; sólo un instrumento óptico de gran calidad capaz de manejar altos aumentos con solvencia.
En general, el manejo de este telescopio dobsoniano me parece muy cómodo y la montura sostiene el tubo óptico con razonable firmeza. Frente a la conveniencia de un telescopio con montura ecuatorial o con motores de seguimiento, con el Dobson clásico tenemos que mover periódicamente el tubo en altura y azimut para mantener centrado en el ocular el objeto que estemos observando, pero por contra disponemos de la libertad de saltar de un extremo del cielo al opuesto de forma inmediata. Lo más engorroso es, como suele pasar con tantos otros telescopios, apuntar en torno al cénit y sus proximidades.
Respecto al buscador, tiene un diseño acromático recto de 50 mm de apertura y 8 aumentos con cruceta, que nos da la imagen volteada horizontalmente. Un diseño acodado proporcionaría una posición de uso más cómoda, pero la configuración recta permite mirar con un ojo a través del buscador manteniendo el otro abierto para tener un campo de visión directa simultaneo, de manera que resulta muy fácil acercar la cruceta a la zona donde se encuentra el objeto que deseamos localizar.
La colimación: perfecta, a pesar de las vueltas que ha tenido que dar el telescopio hasta llegar desde China -y lo peor le esperaba en España, visto cómo lanzan las cajas algunos transportistas, cual si estuvieran soltando balas de paja-. Además, los espejos se mantienen bien colimados después de varios meses de llevar y traer el telescopio, sin desmontar el tubo óptico para protegerlo expresamente durante el transporte.
En cuanto a los oculares que acompaña de casa, tienen el mismo diseño de tres elementos ópticos que los de los telescopios Celestron NexStar SLT, en distancias focales de 10 y 25 milímetros -los Celestron vienen en 9 mm y 25 mm-, que nos ofrecen ampliaciones aproximadas de 120x y 48x respectivamente. Yo diría que estos oculares se defienden para empezar a familiarizarnos con el telescopio y nos pueden aportar gratos momentos de observación, aunque el de 10 mm produce una imagen fantasma de planetas y estrellas brillantes, como Saturno y Antares.
Ahora bien, cuando realmente he disfrutado más con este telescopio ha sido al colocarle buenos oculares de 2 pulgadas, concretamente de la serie Ultima LX de Celestron, para obtener amplios campos estelares. Así, el ocular Ultima LX de 32 mm de focal nos da un magnífico campo de visión de unos 112 minutos de arco, suficiente para abarcar cúmulos estelares tan llamativos como Las Pléyades (M45) o asterismos como la Percha (Collinder 399). Con el ocular de 32 mm apreciamos síntomas de aberración esférica, con estrellas engrosadas y difusas, hacia los bordes del campo, pero con el Ultima LX de 22 mm e inferiores (menor distancia focal) las estrellas aparecen bastante puntuales casi hasta el mismo margen del campo de visión. Por lo que respecta a la observación planetaria, una vista que ha quedado grabada en mi retina es la de Saturno, hace unos meses, a través de un ocular Ultima LX de 5 mm (240x), con varias de sus lunas, su sistema de anillos con la división de Cassini perfectamente definida y detalles del bandeado de su atmósfera: sencillamente, impresionante.
El poder de resolución de la óptica lo he puesto a prueba con la estrella doble-doble (épsilon de Lira), empezándose a resolver a unos 120 aumentos y mostrándose perfectamente separada en dos parejas de estrellas con 150 aumentos. En tanto que el seeing no es muy bueno en estas noches veraniegas, es de suponer que manejando mayores aumentos en condiciones de observación favorables se podrán afrontar con éxito retos más ambiciosos, como resolver la Rigel (beta de Orión), que no he podido intentar por no encontrarse visible en el primer tercio del verano.
En resumen, el rendimiento óptico del tubo Newton de este telescopio Dobson, con espejo primario parabólico de 200 mm de apertura y 1200 mm de distancia focal, me ha parecido excelente. Los brazos de la araña que soporta el espejo secundario son extremadamente delgados (menos de medio milímetro de grosor), para minimizar la pérdida de luz y mejorar así el contraste. Por ejemplo, la imagen aparece ligeramente más brillante y contrastada que en un clásico Schmidt-Cassegrain 8" de Celestron, manejando los mismos aumentos. El enfocador Crayford se mueve con absoluta suavidad y uniformidad; un gran avance respecto a los típicos mecanismos de piñón y cremallera de otros telescopios newtonianos básicos, y también más efectivo que el sistema de enfoque de los telescopios catadióptricos que he probado. Definitivamente, el telescopio Sky-Watcher Dobson 8" es una maravillosa herramienta para pasar noches enteras recorriendo las constelaciones y aprendiendo a localizar las principales galaxias, nebulosas y cúmulos estelares.
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